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viernes, 5 de febrero de 2016

BEBÉS Y PANTALLAS: ¡CUIDADO CON SUS OJOS!

Muchos menores de un año de edad juegan habitualmente con móviles y tablets. Es un recurso común para entretenerles o para calmarles cuando tienen alguna rabieta. Sin embargo, pediatras y oftalmólogos pediátricos desaconsejan su uso continuado, especialmente en niños menores de dos años.

Los niños, y en particular los menores de dos años, cuentan con gran plasticidad en su sistema visual, adaptándose a las circustancias y al medio en el que se desarrollan. De ahí que si pasan mucho tiempo con una pantalla muy reducida y cercana a la vista -unos veinte centímetros- su sistema de enfoque se podría ver alterado. Otra de las consecuencias del consumo de estas pantallas es que, en algunos niños, al utilizar tanto tiempo la visión cercana, podrían salir a la luz defectos de graduación, como la hipermetropía, el astigmatismo o, incluso, algunos tipos de estrabismo. Además, el uso de pantallas de cualquier tipo disminuye la cantidad de veces que parpadeamos por segundo, produciendo una reducción de la calidad de la lágrima, por lo que el ojo se enrojece, dando sensación de sequedad o cuerpo extraño y visión borrosa, y, al mismo tiempo, puede agravar trastornos como la alergia, la atopia ocular y la blefaritis.


EFE Salud

miércoles, 4 de noviembre de 2015

PROBLEMAS CON EL 3D

La visión binocular es la capacidad de nuestro ojo que nos permite ver el mundo en tres dimensiones, al unir las imágenes formadas en cada ojo, en una sola.

¿Has ido con tu hijo a un cine 3D y te has dado cuenta de que no percibe diferencias? ¿Se sale de los espacios al colorear un dibujo? ¿Muestra fatiga visual? Estos son algunos de los síntomas que pueden indicarte que lo que tiene tu hijo es un problema con la visión binocular.


Mirar en distinta dirección.
Nuestros ojos están movidos por la acción de seis músculos que trabajan juntos de una forma coordinada. Los dos ojos están sincronizados en sus movimientos y en todas sus posiciones, haciendo que ambos tengan la misma visión y capacidad acomodativa o de enfoque. El cerebro fusiona las imágenes procedentes de ambos ojos en una única imagen en tres dimensiones. Por esta razón, si los dos ojos no fusionan la mirada exactamente en el mismo punto, la visión binocular es imposible.

Necesitamos tener una buena visión en los dos ojos para tener una óptima visión binocular, por eso si uno de nuestros ojos no ve nada o tiene visión reducida no será posible que tengamos una visión binocular adecuada. Algo similar sucede con los niños con estrabismo, ya que al mirar sus ojos en distintas direcciones no es posible la visión binocular, debido a que el cerebro recibe dos imágenes completamente diferentes.
Problemas en el colegio.
El desarrollo de las anomalías binoculares viene dado en muchas ocasiones por un exceso de trabajo en visión de cerca. Así pues, la escolarización, el estudio constante, los hábitos de lectura, la utilización excesiva de ordenadores, así como el entorno (mobiliario, iluminación, vicios posturales,...) pueden favorecer el desarrollo de disfunciones binoculares que se traducirían en un bajo rendimiento al realizar tareas determinadas en visión próxima, como leer o escribir.
¿Cómo se corrige?.
El óptico-optometrista determinará el mejor tratamiento para los problemas relacionados con la visión binocular tras un completo y específico estudio de cada caso en particular, ya que no todas las personas tenemos las mismas estructuras orgánicas, vivimos en los mismos ambientes, poseemos los mismos hábitos de vida, realizamos los mismos deportes ni disfrutamos de los mismos entretenimientos en el tiempo de ocio.

Entre los tratamientos más comunes para corregir la visión binocular se encuentran el entrenamiento visual, las compensaciones ópticas, como las gafas o las lentes de contacto, el uso de gafas con lentes especiales, etc.

Síntomas más comunes.
-Bajo rendimiento escolar.
-Falta de coordinación ojo-mano.
-Visión borrosa.
-Dolores de cabeza.
-Salirse de los espacios al colorear un dibujo.
-Falta de atención y concentración.
-Carencia de velocidad y comprensión al leer.
-Tendencia a aproximarse al material de lectura.
-Molestias para concentrarse en tareas de cerca.
-Hiperactividad en lugares cerrados.
-Fatiga visual.

Salud Visual Nº40

martes, 2 de diciembre de 2014

¿OJO VAGO? ES MOMENTO DE ACTIVARLO.

La ambliopía es un problema que debe tratarse en la infancia, de no ser así la agudeza visual quedará reducida de por vida.

No es raro ver en una clase de los primeros cursos escolares a más de un niño con un parche en un ojo. Seguro que tu hijo te habrá preguntado sobre ello, ¿has sabido responderle? Si la respuesta es negativa, apunta en qué consiste la ambliopía, comúnmente conocida como "ojo vago" porque entender este problema visual te puede ayudar a detectarlo en los niños de tu entorno.

El origen de la "pereza visual".
Desde el momento del nacimiento, la visión del bebé va mejorando poco a poco, ya que su evolución va a la par del desarrollo de las células visuales cerebrales, algo que ocurre durante los primeros meses de vida. Cuando esta capacidad llega a su estado óptimo, ambos ojos trabajan de forma conjunta enviando información el cerebro; es lo que se llama visión binocular. Sin embargo, en algunos casos la información que llega al cerebro es diferente, por lo que directamente descarta aquella que viene de uno de los ojos (evita la visión doble). Como consecuencia, uno de los ojos continúa trabajando con normalidad, pero el otro, del que se descarta la información, deja de evolucionar convirtiendose en el "ojo vago".
Esta alteración puede surgir por diferentes motivos, normalmente relacionados con otros problemas en la visión:
 -El niño padece estrabismo. Sus ojos no están perfectamente alineados, por lo que mandan información diferente al cerebro, y este no la puede asimilar, por lo que descarta la que viene de uno de los ojos.
-Diferencia de graduación entre los dos ojos. Por un problema de miopía o hipermetropía un ojo tiene visión borrosa, así que el cerebro descarta la información que viene de este.
-Un problema congénito, como una catarata, tener la córnea opaca o un problema en uno de los párpados puede impedir que el ojo vea correctamente dando lugar a una ambliopía.

No hay tiempo que perder.
Aunque el pequeño padezca ambliopía siendo un bebé, es dificil detectarla tan pronto. Un detalle que nos puede hacer sospechar que no ve correctamente es que no sigue bien un objeto en movimiento o se intuye una leve desviación de uno de los ojos. Hay que permanecer atentos porque una ambliopía no tratada a tiempo provoca una disminución de la agudeza visual que no se podrá recuperar al llegar a cierta edad (a los siete años por ser el momento de maduración del sistema visual). De hecho se detectan muchos casos en adultos que, por no haberse detectado ni tratado la ambliopía durante la infancia, presentan una baja agudeza visual.
Esta es una de las razones por la que se recomienda que el primer examen ocular se realice a los seis meses de edad, y en el caso de que no se detecte ninguna alteración, repetirlo a los tres años. El siguiente se aconseja que sea en el momento en el que comienza a ir al colegio, y ya continuar las visitas al Óptico-Optometrista de forma anual. Para que no nos olvidemos de esta cita, podemos fijar en el calendario la revisión junto con un momento puntual del año, como puede ser el comienzo del curso escolar.

Las señales de sospecha.
Es importante observar al niño en ciertos momentos para poder detectar este problema, ya que ellos no suelen quejarse cuando ven mal. Es a la hora de leer, fijarse en la pizarra, cuando realizan los deberes, etcétera, cuando se pueden notar señales de sospecha; por este motivo, los padres y profesores son la clave en la detección. Desde el Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas se recomienda a los adultos que se fijen en estas acciones y actitudes del niño con el objetivo de detectar un posible problema a tiempo:
-Prestar atención si el niño  se acerca mucho a los libros o a la televisión.
-Se distrae continuamente al leer y no comprende bien el texto.
-Valorar si el niño se fatiga cuando está sometido a estímulos visuales.
-No escribe bien a mano cuando ya debería hacerlo.
-Se queja de ver borroso, tanto de lejos como de cerca.
-Fijarse en si entorna los ojos para mirar o al centrar su atención en detalles lejanos.
-Observar si adopta posiciones de tortícolis (cuello torcido) cuando lee o hace los deberes, que a la larga pueden manifestarse como dolores de cuello o espalda, e incluso cronificarse.
-Astenopía (visión borrosa, fatiga visual y dolor de cabeza) con frecuencia.
-Hiperactividad durante la clase.
-Inversión de letras y números.
-Bajo rendimiento escolar.

Tratamiento adecuado.
Depende de la causa y de la edad del niño (cuanto antes se trata, mayor probabilidad de éxito tendrá el tratamiento), pero por lo general la terapia para corregir la ambliopía consiste en entrenar el "ojo vago" para que logre ver nítidamente. Esto se consigue utilizando lentes conpensadoras por medio de gafas o lentes de contacto, y un programa de entrenamiento visual que suele comenzar con la colocación de un parche sobre el ojo que ve bien para obligar al cerebro a utilizar la información que le llega del ojo ambliope.

¿Sabías que...?
Según los informes PISA (Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos) de 2009 y 2012, los casos de fracaso escolar en España superan la media europea. Sin embargo, cerca del 30% de los casos no está relacionado con las capacidades o inteligencia de los alumnos, sino con anomalías visuales de índole refractivas. Y es que, como explica el presidente del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas, "hay que tener en cuenta que las disfunciones binoculares incapacitan al escolar para fusionar las imágenes del ojo derecho e izquierdo y obtener una imagen única y tridimensional, por lo que esta disfunción puede dar lugar a fatiga visual, malestar y afecta considerablemente a la eficacia de la lectura y el aprendizaje".

lunes, 15 de septiembre de 2014

EN LA VUELTA AL COLE, ¡REVISA SU VISTA!

Es en la edad escolar cuando se puede detectar y tratar de forma precoz un defecto refractivo.

Las cifras no engañan, según los datos del Consejo General de Colegios de Ópticos-Optometristas un tercio de los casos de fracaso escolar está directamente relacionado con problemas visuales sin corregir. No nos debe extrañar esta relación, ya que un 80% de la información que los niños reciben durante las actividades escolares es a través de los ojos, siendo de un 100 por 100 cuando nos referimos a las tareas de lectura.
Gozar de una buena visión es importante a cualquier edad, pero lo cierto es que durante la infancia es un sentido crucial para el correcto desarrollo físico y formativo del niño. Lo "bueno" de detectar un defecto refractivo a estas edades es que se puede tratar de forma precoz, sin embargo no siempre resuslta fácil porque el pequeño no se suele quejar, por eso hay que fijarse en si realiza algún movimineto raro con la cabeza al leer o si no presta demasiada atención en clase y, sobre todo, llevarle todos los años  a una revisión visual para que un Óptico-Optometrista la evalúe e indique si necesita  seguir algún tratamiento. Y es que, si el defecto visual no se detecta ni se trata a tiempo, el cerebro se acostumbra a esa deficiencia, lo que favorece que pase aún más desapercibido y se agrave.

Señales de sospecha.
Un niño, especialmente en edades tempranas, no suele quejarse de que no ve bien, porque piensa que lo que aprecia es lo correcto. No tiene la capacidad para llegar a la conclusión de que si no es capaz de ver bien la pizarra o se le juntan las letras al leer es porque tiene un problema visual. Por ello, en vez de preguntarle es mejor observar sus reacciones, movimientos y respuestas ante un estímulo visual. En este caso los padres y profesores deben permanecer atentos y hablar entre ellos si observan algo "raro" que delate un defecto refractivo en el niño, como puede ser:
 -Rechaza leer, no le gusta ni le interesa.
-Tiene dificultades para leer correctamente, aunque ya está en edad de hacerlo.
-Se salta líneas del texto y cambia las sílabas de las palabras.
-No es capaz de explicar lo que acaba de leer porque no lo entiende ni lo retiene en la memoria.
-Hace movimientos raros con la cabeza cuando lee, la gira o mueve el libro.
-Se acerca demasiado al cuaderno al escribir y al libro al leer.
-Le lloran los ojos cuando está haciendo los deberes y/o se les ponen rojos.
-Parpadea de forma continua o frunce el ceño en clase al fijarse en la pizarra.
-Le duele la cabeza cuando sale de clase o al hacer los deberes.
 Si el pequeño de la casa presenta alguno de estos síntomas o parecidos, acude al Óptico-Optometrista para que te explique qué le ocurre y pueda ponerle en tratamiento.

Hora de ir a una revisión.
Se estima que un 25% de los niños en edad escolar padece problemas visuales, como miopía, ojo vago y astigmatismo. Un detalle, se está observando un aumento de niños miopes debido al uso excesivo del ordenador, tablets y smartphones, es decir, por hacer un sobresfuerzo para leer de cerca y en pantallas que, en muchas ocasiones, no presentan las características adecuadas para la lectura prolongada.
Ahora que ha dado comienzo el nuevo curso es un buen momento para llevar al niño a una óptica y que le realicen una revisión, en la que no sólo se comprueba que puede ver bien a una cierta distancia, sino que también se evalúa la coordinación ocular, las habilidades de enfoque y el estado de salud de sus ojos; mientras que esta revisión también puede ser la clave para detectar alguna enfermedad como una retinopatía diabética.
Además, si empezamos desde edades tempranas a llevar al niño al Óptico-Optometrista aceptará las revisiones anuales como algo normal y lo adoptará como un hábito a lo largo de su vida, algo muy importante para su salud visual.
Se recomienda que el primer examen ocular se realice a los seis meses de edad, y a menos que se detecte algún problema, hacer el siguiente a los tres años,  para pasar a las revisiones anuales.


Sus problemas más comunes.
Entre las anomalías visuales que se suelen detectar en los niños se encuentran:
-Miopía: el pequeño no ve bien los objetos que están alejados. Se puede detectar porque frunce el ceño para intentar ver.
-Hipermetropía: en este caso no ve bien de cerca. Puede detectarse porque se acerca mucho el libro, tuerce la cabeza, y les puede doler la cabeza y tener lagrimeo porque fuerzan mucho la vista.
-Estrabismo: el niño desvia los ojos y miran en direcciones diferentes. Se puede detectar a simple vista. El tratamiento debe aplicarse entre los seis y los ocho años.
-Astigmatismo: es un problema de nacimiento (anomalía congénita), y provoca una visión deformada de los objetos. Suele venir acompañados de miopía o hipermetropía. Cuando lo tiene, el niño se queja de dolores de cabeza, no tolera bien la luz, se le ponen los ojos rojos y se los rasca porque tiene sensación de arenilla.
-Ambliopía u ojo vago: este problema se caracteriza por la poca visión en uno o ambos ojos. Es importante detectarlo lo antes posible para poder corregir el problema, ya que en edad adulta no es posible. La edad perfecta para seguir el tratamiento es entre los cinco y siete años.

Si necesita gafas...
Algunos niños se toman esta noticia como un drama. Hay que cambiarles esta idea porque si no se negarán a ponerse las gafas, lo que agravará el problema. Por ello, ve con él al establecimiento de óptica, hazle partícipe en la elección del modelo de gafas, transmítele mensajes positivos, como que le sientan muy bien, que es algo divertido diciéndole, por ejemplo, que piense en su color preferido para elegir sus gafas. Una vez que la tengáis, debes explicarle que se las tiene que poner, motívale diciéndole que sus gafas son sus nuevas "compañeras" y que tiene mucha suerte de poder usarlas porque se sentirá mejor.
El tipo de lente tendrá que indicarla el Óptico-Optometrista, aunque se suelen decantar por la de policarbonato porque es más fina y segura, lo que reduce el riesgo de lesión ocular en el caso de que se rompa.
 Las lentes de contacto también son una opción...
Si el especialista da su visto bueno, las lentes de contacto son una buena alternativa para los niños, especialmente cuando comienzan a ser más mayores y se preocupan por su aspecto físico. La edad ideal para empezar a usarlas es cuando ya tiene la habilidad suficiente para manipularlas por sí sólo, y es responsable para poder seguir las pautas de higiene y mantenimiento apropiadas. 
 Saludvisual Nº33



lunes, 11 de agosto de 2014

TERAPIA VISUAL: TUS OJOS TAMBIÉN PUEDEN EJERCITARSE.

Con esta terapia es posible mejorar ciertas capacidades visuales que no se corrigen con el uso de lentes o por medio de cirugía.

Ante un defecto refractivo disponemos de lentes graduadas según nuestras necesidades, o podemos recurrir a la cirugía ocular para modificar una alteración en la anatomía del ojo o en los músculos que le rodean. Son soluciones muy eficaces en la gran mayoría de los casos, pero ante otros problemas resulta más adecuado "entrenar" al sistema visual para que por sí solo corrija el problema que tiene. Esto se consigue mediante la terapia visual, ¿sabes en qué consiste?

"Entrenamiento" completo.
Para poder ver correctamente no sólo necesitamos que nuestro ojos se encuentren en "plena forma", ya que el cerebro juega un papel fundamental, de hecho se puede decir  que los ojos son una extensión física del cerebro. De la misma forma, para ver bien también necesitamos entender e interpretar la información que nos llega a través de ellos, por lo que necesitamos algo más que una buena agudeza visual.
Es por ello que ante ciertos problemas visuales necesitamos algo más que unas gafas o lentes de contacto, aquí es donde entra en escena la terapia visual. Se trata de un programa personalizado de actividades, ya que es diseñado y supervisado por un Óptico-Optometrista, que tiene como objetivo corregir ciertos problemas o mejorar las habilidades visuales por sí mismo. Con dichos ejercicios es posible mejorar tanto la capacidad de los ojos como de las áreas del cerebro que controlan la visión.

¿En qué consiste?
Por regla general, la terapia visual se divide en dos partes, una más mecánica diseñada con ejercicios que los pacientes pueden realizar en casa a diario, durante 10 ó 15 minutos. La otra parte se basa en el aprendizaje y automatización de las habilidades entrenadas, la cual se debe realizar bajo la supervisión de un Óptico-Optometrista. Para su desarrollo, el profesional puede usar lentes correctoras y terapéuticas, prismas, filtros ópticos, oclusores o parches oculares, dispositivos electrónicos, programas informativos o diferentes dispositivos de entrenamiento de la integración visual, motora y sensitiva.

¿Sabias qué...?
La terapia visual resulta muy efectiva en niños, especialmente en problemas relacionados con la visión binocular que les puede afectar negativamente en el aprendizaje, la concentración, la lectura y la escritura.

¿Me vendrá bien?
Si presentas alguno de estos problemas, tu Óptico-Optometrista puede indicarte seguir una terapia visual:
-Ambliopía y ojo vago.
-Estrabismo, en concreto para tratar una forma intermitente conocida como insuficiencia de convergencia(incapacidad para mantener los ojos alineados al leer).
-Disfunciones en el movimiento ocular.
-Otras alteraciones en la visión binocular como las forias (problemas leves de alineamiento ocular que pueden ocasonar fatiga ocular al leer).

Grandes resultados.
Aunque como pasa con la mayoría de los tratamientos, los resultados dependen de cada persona, del problema que presenten y de la constancia en la terapia, lo cierto es que algunos pacientes obtienen grandes resultados, entre los que se encuentran el leer más rápido y con mayor grado de comprensión, notan que son más eficaces en el trabajo, y algo que para muchos es fundamental, apenas tienen dolores de cabeza. En concreto, se han observado mejoras en las siguientes habilidades:
-Alineación ocular: fundamental para no recibir la información visual distorsionada.
-Fijación: capacidad de mantener la visión en un punto sin que cause un gran esfuerzo.
-Agudeza de cerca: necesaria para leer, escribir, entre otras muchas acciones.
-Variación en el enfoque de cerca a lejos y al contrario: facilita ver sin distorsión a cualquier distancia, y poder retener la imagen.
-Coordinación ocular: básico para que ambos ojos trabajen a la par, y puedan transmitir al cerebro la imagen que perciben como una sola.
-Percepción de profundidad: clave para la visión en tres dimensiones, algo necesario al conducir, practicar deporte y coordinar ojo-mano.
-Visión periférica o lateral: necesaria para ubicarnos en el espacio.
-Memoria visual: una gran ayuda para recordar lo que hemos visto con anterioridad.
-Percepción y discriminación: favorece la capacidad de ver pequeños detalles rápidamente y con precisión. Cuando esta capacidad no está bien desarrollada podemos tener problemas para percibir letras con apariencia similar, por ejemplo.
-La integración y el funcionamiento conjunto de las habilidades de enfoque, fijación, fusión, visión periférica y simultaneidad ocular, el procesamiento mental en la lectura, la compresión o la memorización, y la coordinación con el resto de los sentidos.

Saludvisual Nº33